lunes, 6 de junio de 2016

Avergonzado y decepcionado

No quería escribir esta noche. Estoy demasiado caliente aún, después de haber hecho más de 500 kilómetros para aportar mi granito de arena en defensa de la pesca, la caza y lo rural. Fui con dos amigos desde Albacete a la manifestación que se celebró hoy, 5 de junio, por las calles del centro de Madrid. Según íbamos en coche hacia la capital de España, adelantábamos autobuses repletos de integrantes de sociedades de pescadores, cazadores y rehaleros. Augurábamos una manifestación multitudinaria, en la que los galgueros españoles tendríamos nuestra representación, también multitudinaria.
Al llegar a Madrid, el Ayuntamiento no dejaba pasar de Atocha, a un par de kilómetros todavía de la plaza de Colón, desde donde partía la manifestación. Fuimos a pie hasta allí, mezclados con cientos de pescadores, pero de galgueros ni rastro. Eso sí, vimos un galgo ¿rescatado? artrítico perdido y con la mirada perdida, sin esperanza de volver a poder libre tras una liebre, pero con un bonito piso a kilómetros de la naturaleza. Arribamos a Colón y empezamos a buscar a los galgueros. Pescadores con sus cañas y vestimentas coloridas -alguno hasta vestido de romano-, rehaleros con sus caracolas, cazadores con camisetas de sus respectivas sociedades locales, cetreros, silvestristas detrás de una inmensa pancarta, pero ni rastro de los galgueros. Por fin, al final de la manifestación, tres pancartas medianas de la Federación Andaluza de Galgos, de la Federación de Castilla-La Mancha de Galgos y del Club Nacional del Galgo Español. Ni más ni menos. Detrás de ellas ¿200 galgueros? No me lo puedo creer. Sólo 200 galgueros de un colectivo de cientos de miles de practicantes de una de las cazas más antiguas de la humanidad. Mi indignación crecía según avanzaba la mañana, mientras saludaba a caras conocidas de nuestro mundillo. Menos de los mismos de siempre. ¿Dónde estaban los profesionales de nuestro sector a los que se les llena la boca de decir que defienden al sector galguero altruistamente? ¿Dónde estaban todos los presidentes de las territoriales galgueras en Madrid? ¿Dónde estaban los asambleístas de la FEG, verdaderos representantes del sector? ¿Dónde estaban los propietarios de la mayoría de los campeones de España? ¿Dónde estaban los criadores señeros de nuestra afición? Todavía me lo pregunto, pero horas después doy con la respuesta.
Ya en casa, en mi Facebook tengo a muchos galgueros y comienzo a ver a unos de alguna carrera de recta, a otros de romería, a otros con los amigos de fiesta, a otros de parrillada en el chalet... y me indigno aún más. Me enervo, porque considero que hay mucho postureo con los galgos, pero ningún interés si no hay dinero y/o notoriedad de por medio. Así de simple y así de rotundo.
Si nosotros mismos no nos preocupamos de nuestra afición o de nuestra pasión, nadie nos va a solucionar el problema cuando los animalistas ataquen al mundo del galgo. Han empezado por la pesca, pero nuestro colectivo está en la primera línea de fuego de los animalistas y podemos ser los siguientes, pero es más importante lucirnos en una romería o correr una triste carrera de recta, por ejemplo, que reivindicar nuestra afición en Madrid. ¡Cuánta ignorancia!
Algunos critican y se ríen de Abraham Corpa, el presidente de la Plataforma en Defensa de la Caza con Galgos, por movilizarse y luchar por su afición. Lo considero el primer activista galguero en la lucha contra los ataques de los animalistas. Quizá no sea el más apropiado para abanderar la defensa de nuestro colectivo, pero es el único, el primero, y muy pocos se suman a su lucha. ¿Por qué? El colectivo está más enfrascado en luchas políticas intestinas que en la amenaza que se nos viene encima: un ataque desaforado de los animalistas. Pero nosotros sigamos de romería o en decidir qué perro llevamos al provincial del próximo año. A lo mejor es el último.
Avergonzado y decepcionado, me voy a dormir, mientras me pregunto si merece la pena luchar por un colectivo de miles de personas que no quieren ver lo que se les avecina. Así nos va...

miércoles, 27 de abril de 2016

¿Fin a los criaderos lucrativos de galgos?

Estamos acostumbrados a ver en las redes sociales y distintas webs de compraventa de toda clase de artículos de anuncios de venta de cachorros, galgos ya en activo o sementales que se ofrecen para montas por un determinado precio. Normalmente, detrás de estos anuncios se encuentran galgueros particulares que por no tener no tienen ni núcleo zoológico en las cuadras donde viven sus perros. Pues bien, parece que las autoridades quieren poner coto a esta actividad, que reporta beneficios lucrativos para los propietarios de los perros, sin que estos ingresos figuren en ningún sitio para Hacienda, es decir, conforma un mercado negro que está al alza en los últimos años.
En marzo, un Juzgado de León sentenció a un particular que vendía cachorros de diversas razas sin tener los permisos ni licencias preceptivas. La denuncia partió desde el grupo animalista Defensa Animal Zamora, que interpuso una treintena de ellas en toda Castilla y León, al amparo de la Ley de Protección de Animales de Compañía, en vigor desde 1997. El condenado deberá pagar, si no lo ha hecho ya, 3.001 euros, pero la multa puede llegar hasta los 15.000 euros en caso de reiteración.
La noticia afecta de manera notoria a los criadores de galgos que pretenden hacer negocio de nuestra afición. Sí, he dicho negocio, porque lo hay, sobre todo en la alta competición. Los campeonatos galgueros crecieron en los últimos años tanto en cantidad como en calidad de los perros que se presentan. ¿O acaso no es normal ver cómo un semental coge renombre en el campeonato de España gracias a sus hijos y su propietario no hace otra cosa que echar el perro a hembras por un precio considerable? Por ejemplo, hace poco me enteraba del reparto de 90.000 euros entre los socios propietarios de un reconocido semental inscrito en el Libro de Registro de Orígenes (LRO). La competición creció, pero no así todo lo que la rodea, y debe ser todo legal, porque tenemos muchos focos puestos sobre nosotros para pasarnos factura.
Buena parte de los lectores que hayan llegado hasta este punto, se habrán echado las manos a la cabeza, al pensar que es una barbaridad declarar todas las montas de galgos entre particulares. Pero hay que especificar los casos a los que me refiero. Hay miles de galgueros que planifican sus camadas y, en la mayoría de las ocasiones, no hay transacción pecunaria. Son amigos o conocidos que sacan una cría y reparten los cachorros entre la cuadrilla. No hay dinero por medio, sino una afición que acerca o hace amigos con estas montas. Los que tendrán que ser inspeccionados son aquellos que día tras día reciben cantidades de dinero por las montas o por los cachorros.
Si esos criaderos clandestinos se legalizan, habrá beneficios para todas las partes implicadas, incluso para los perros y, lo que es más importante, nadie podrá acusar a ningún galguero de explotación animal.
Nos encontramos en una época de cambios en todos los ámbitos de la vida, incluido el galguero, y nuestro mundo debe adaptarse a los nuevos tiempos. En Irlanda, los criaderos son legales y no pasa absolutamente nada, se aceptan las reglas del juego. Si hemos introducido el LRO y cada vez se profesionaliza más la preparación de nuestros galgos, tendremos que regular la existencia de criaderos dedicados a la compra y venta de perros y cubriciones de sementales. No nos queda otra y seguro que acabaremos con mucha picaresca, al igual que ha sucedido con la implantación del LRO. En mi opinión será positivo.

domingo, 28 de febrero de 2016

Galgueros sin complejos

Cuando escribo estas líneas acabo de enterarme del ejemplo que han dado los galgueros de Castilla y León al asistir a la proyección del documental 'Febrero, el miedo de los galgos' en Tordesillas. Los galgueros fueron una inmensa mayoría en el auditorio y rebatieron cada uno de los postulados demagógicos que defienden sus autores, verdaderos desconocedores de nuestro mundo, desde la educación y sin ningún tipo de violencia.
Parece que en los últimos meses los galgueros comenzamos a quitarnos de encima ese complejo de inferioridad que arrastrábamos durante años con respecto a los lobbys animalistas que tan buena prensa tienen en la sociedad. Ya era hora de que los galgueros defendamos lo nuestro y a los nuestros. Primero surgió la Plataforma en Defensa de la Caza con Galgo, de Abraham Corpa, y ahora las instituciones galgueras crearon la Asociación Nacional de Galgos, formada por la Federación Española de Galgos -y todas las territoriales adscritas a ella- y el Club Nacional del Galgo Español. Pero lo importante es que nos comenzamos a mover desde el respeto y las buenas formas, nada de violencia, ni verbal ni física, que es lo que esperan nuestros detractores.
Llevamos muchos años de retraso, pero parece que al fin nos hemos dado cuenta de que la demagogia que vierten sobre nosotros se combate con argumentos y unidad de todo el colectivo. Somos muchos, más que los colectivos que intentan convertirnos en delincuentes simplemente porque cazamos con nuestros galgos y ya es hora de que demos la vuelta a la situación y alcemos nuestra voz de forma contundente y clara. Si hay asociaciones que nos atacan con concentraciones y manifestaciones en las calles, hagamos los galgueros lo mismo, seguro que nuestra capacidad de convocatoria es mayor, pero, eso sí, nadie se debe quedar en casa. Nos estamos jugando nuestro futuro como galgueros, nuestra forma de vida. No es algo pasajero, ni una moda, nos quieren prohibir nuestra afición.
Los colectivos taurinos convocaron una macromanifestación en Valencia para el próximo 13 de marzo, respaldado por las principales figuras del toreo, que estarán presentes allí. Es otro colectivo vilipendiado por los extremistas animalistas que también ha reaccionado.
Parece que los ataques tanto a los toros como a los galgos han rebasado los límites y a partir de ahora parece que los animalistas, que campaban a sus anchas, van a encontrar unos colectivos que les contesten y demostrar que no poseen la verdad absoluta, que la realidad es muy distinta, no su verdad.
Sigamos por este camino que hemos comenzado, sin desfallecer, aunque nos increpen y nos insulten. No contestemos a sus provocaciones, pero mantengámonos firmes en nuestras posiciones y, eso sí, sin consentir calumnias ni mentiras acerca de nuestra pasión: la caza con galgos. Juntos podemos defendernos, divididos somos vulnerables.

martes, 9 de febrero de 2016

¡Basta ya de llorar!

¡Basta ya! ¡Basta ya de autocompadecernos ante los ataques de los animalistas! Estoy harto de que cada vez que atacan a nuestro colectivo no nos encuentren enfrente, estoy harto de que no nos tomemos en serio que el objetivo de las asociaciones animalistas no es otro que la desaparición de nuestro deporte de España. Y lo que más me duele es ver, a través de las redes sociales, cómo la mayoría de nosotros, los galgueros, el pasado domingo cerrábamos tan felices la temporada de caza, mientras las asociaciones animalistas llevaban la Puerta del Sol de Madrid. ¿Cuánto tiempo nos queda? Estoy seguro que con la actitud que tenemos como colectivo poco, muy poco, porque no vemos más allá de esta temporada que ahora termina y, a lo sumo, la siguiente, o de la próxima monta de nuestra mejor galga, o de la camada que ya late en el seno de esa perra de cría que se morirá de vieja en nuestra casa.
Los animalistas nos llevan mucho tiempo de ventaja y su lobby mediático cala en la sociedad. Muchas veces, demasiadas, me pararon por la calle personas que no conocen nada de nuestro mundo y me felicitaron por haber salvado de una muerte segura a mis dos whippets, porque piensan que las marcas en sus caras, que se hicieron retozando en el campo, en un lance tras un conejo o simplemente jugando entre ellos, fueron originadas por un maltrato. Eso es lo que en realidad me preocupa. El discurso demagógico de los animalistas caló de tal forma que ya tenemos cada vez más reparo en decir en una reunión de amigos que somos galgueros y que vivimos de otra manera al resto del mundo. Sí, reconozcámoslo, nos cuesta cada vez más.
Pero esta situación no puede seguir así, sino nosotros solos cavaremos la tumba en la que los animalistas nos enterrarán más pronto que tarde. Unos pocos galgueros luchan aisladamente contra el ejército de demagogos que lanzan mensajes contra un colectivo de... miles de personas, que prefieren una simple jornada de caza de liebres a defenderse de los ataques desmesurados de unos urbanitas de salón, desconectados totalmente de la naturaleza.
Los federados, la mayor organización de galgueros del país, reclamamos durante varios años la unión dentro de la Federación Española de Galgos y ahora que, no sé por qué motivos concretos, se consiguió, y me parece perfecto, los galgueros debemos reclamar que nuestra federación enarbole la bandera para luchar por nuestro futuro y cada día que pase sin hacer nada el cerco contra nosotros se cerrará cada vez más.
Que cada uno reflexione y, sobre todo, que actúe inmediatamente. No es hora de lamentaciones, sino de hechos. Cada vez lo tengo más claro.

viernes, 15 de enero de 2016

Gracias

Gracias. Esta palabra no puede resumir mejor lo que siento hoy que recibo el Premio Galgos España 2015 de manos de Luis Ángel Vegas, presidente de la Federación Española de Galgos, pero también un amigo. Desde que me comunicaron que me habían concedido este galardón, uno de los que más ilusión me hace recibir porque procede de mis amigos, se me han pasado por la cabeza tantas y tantas personas y momentos vividos en este mundo que llegué a la conclusión de que hoy no sería el mismo como persona sin los galgos.
No procedo de una familia galguera, ni siquiera cazadora. En mi Peñaranda de Bracamonte natal había galgos, pero en mi infancia y adolescencia no sentía especial atracción por aquellos galgos que deambulaban sueltos por las calles. Cuando comencé mi carrera profesional, aún estudiando Periodismo en la Universidad Pontifica de Salamanca, en uno de mis primeros trabajos, en La Tribuna de Salamanca, me encargaron llevar la página de caza y pesca del periódico. Entonces era pescador de trucha y me tuve que formar en caza, porque no tenía ni idea. Aquellos años conocí a los galgueros que me hicieron cambiar de vida. Primero, me presenté ante Demetrio Hernández Candal, delegado de la Federación Castellana y Leonesa de Galgos en Salamanca. Aquel corredor de seguros vivía tanto el mundo de los galgos que en su despacho durante años colgó un cartel comercial de su empresa que decía: "Que no te den gato por liebre". Demetrio, ya fallecido, me enseñó las nociones básicas del deporte de los galgos y me introdujo en este mundo, que pronto me atrapó por completo. Concretamente lo hizo cuando Demetrio me invitó un día a ir al coto de Los Villares, en Cantalapiedra, propiedad de Luis Igea, al que considero mi verdadero padre galguero. Luis me abrió de par en par las puertas de su casa y en el corredero de Los Villares viví varias temporadas inolvidables, junto a mi cuadrilla de Tarazona de Guareña. Con Juan, Antonio o Paco, entre otros, aprendí a leer el campo, a ver las carreras, a dar ventaja a la liebre... en definitiva, a ser galguero.
Con Luis Igea pasaba horas y horas de charla sobre la actualidad de nuestro deporte y también sobre la historia de las competiciones desde su inicio. Era una enciclopedia galguera. Él, soltero y sin hijos, vivía por y para los galgos, o mejor dicho, para sus liebres, a las que mimaba hasta el punto de plantar una parcela de girasol, aunque no era lo idóneo, porque el año anterior había criado muy mal la liebre y había que ayudarla.
En muchas ocasiones, cuando la vorágine de la vida de un periodista me deja, rememoro aquellos días de caza en Los Villares con verdaderas comidas de hermandad en la caseta. Aquellas jornadas me enseñaron que este mundo no es de quinquilleros, sino de caballeros que se respetan antes, durante y después de la disputa de una collera.
Después de varios años en Castilla y León, con los campeonatos en la Cuesta del Aire de Medina del Campo o en los llanos de Madrigal de las Altas Torres, la vida me llevó a dar un salto hasta Albacete, donde se corrían también liebres con galgos, pero donde la tradición galguera de alta competición era muy incipiente. Pronto se puso en contacto conmigo un galguero joven como Ángel Pérez y pronto me vi como miembro de una cuadrilla de treinteañeros, con ganas de demostrar que en La Mancha también hay correderos con liebres buenas y lo hemos conseguido en La Gineta, hoy envidiada por muchos aficionados -qué pena que no exista un mirador para que pudiera acoger un Campeonato de España-. Después vino este blog y galgomania.com, la primera web de información galguera que existió en España y que en poco tiempo se convirtió en una referencia clara para todos los galgueros. En galgomania.com siempre intenté innovar -por ejemplo, fue la primera web en utilizar twitter para dar los resultados de los campeonatos en tiempo real desde la mano- y tratar la información galguera con rigor y seriedad, por lo que recibí muchas y variadas presiones. Pero el proyecto de galgomania.com tuvo que aparcarse por cuestiones profesionales y hoy vivo como cargo técnico -director de carreras- y aficionado, ya retirado como jefe de prensa de la FEG, cargo que ocupé entre 2005 y 2014, con los presidentes Francisco Salamanca -creó los premios Galgos España-, Carlos Sanz -me apoyó y me propuso para este galardón- y Luis Ángel Vegas -que me entrega el galgo de plata-, de los que sólo tengo palabras de agradecimiento por la confianza depositada en mí y por haber conseguido dar un vuelco al mundo de los galgos en unos pocos años, del que nos hemos beneficiado todos en mayor o menor medida.
En mi vida, los galgos significan mucho, sino todo, pero lo significan aún más los cientos de galgueros que conocí a lo largo de estos años, a los que no nombro, para no olvidarme de ninguno, pero que me han mostrado su cariño y a los que desde estas líneas les muestro mi admiración, a todos, sin distinción. Pero este premio Galgos España sólo puedo dedicárselo a Demetrio Hernández Candal y a Luis Igea, que seguro que desde el corredero del cielo tendrán puesta la mirada estos días en la Cuesta de los Picos, en Nava del Rey, y discutirán sobre las carreras, pero compartirán un verdejo para celebrar que todos nosotros somos galgueros.

martes, 12 de enero de 2016

El Libro de Registro de Orígenes, ¿medio lleno o medio vacío?

De nuevo, el Libro de Registro de Orígenes (LRO) creado por la Federación Española de Galgos vuelve a levantar ampollas y ¿por qué? se preguntará, querido lector. Pues muy fácil, por detectar ejemplares descendientes de un perro robado. Se trata de Sola II de los Rodríguez y de Fantasía de Luciano de la Cava, según el LRO nietas por parte de padre del semental Chapapote, aquel galgo que estuvo cuatro años sustraído y que fue recuperado en Sevilla por la Guardia Civil en la macroperación Duplicado, aún sin resolver judicialmente, como desgraciadamente pasa cuando se trata de asuntos delictivos relacionados con nuestro mundo.
Chapapote, despues de ser recuperado por la Guardia Civil.
Pues bien, el LRO detectó, a las puertas del Campeonato de España de Galgos en Campo, Copa de S.M. el Rey, que estas dos perras no son aptas para la competición. Creo que cualquier galguero de bien, aunque muchos se callen por temores varios, se alegra de que el sistema haya funcionado y que perras fruto de un acto deleznable, como es el robo de galgos, no continuen en competición. En mi opinión es justo que Sola II de los Rodríguez y Fantasía de Luciano de la Cava estén fuera de la competición. ¿Cuántas veces comentamos en los corrillos con amigos y conocidos galgueros que los perros robados o hijos de éstos nunca pueden estar en una competición oficial? Entonces, ¿dónde está el problema? En los tiempos, sin duda alguna.
Me explico. El LRO está en pleno proceso de implantación y aún es un sistema con imperfecciones. Por eso, estas dos perras consiguieron llegar lejos en la competición. Si estas incompatibilidades genéticas se hubieran detectado al principio de las fases previas, cuando no se hubiera corrido ni una liebre, las galgas hubieran sido declaradas no aptas para competir y los clubes las hubieran sustituido por otras para intentar llegar al campeonato de Nava del Rey. La FEG debe seguir el camino iniciado con el LRO, pero perfeccionándolo cada año y con un trabajo callado en el desarrollo de herramientas que permitan que cuando se formalice la inscripción de un galgo para una competición oficial salten las alarmas si es un ejemplar robado o es descendiente de un perro sustraído. Extrapolemos este caso al mundo futbolístico. Esta temporada el Real Madrid fue eliminado de la Copa del Rey por la alineación indebida de Cheryshev por estar sancionado por la Federación Española de Fútbol. ¿No encuentra, querido lector, similitudes? Cheryshev es cualquiera de las dos galgas eliminadas y el Real Madrid cualquiera de los propietarios. Hay un hecho sancionable, se aplica la reglamentación y a otra cosa.
Está claro que el LRO tiene mucho camino por recorrer para llegar a unos niveles óptimos de funcionamiento y a buen seguro que la casuística surgida temporada tras temporada lograra avances importantes. Otro asunto es, si el próximo presidente de la FEG que surja de las elecciones que se celebrarán este año, quiere ahondar en este importante proyecto para el control de la cría de galgos en nuestro país.
 En definitiva, es cuestión de ver el LRO medio lleno o medio vacío, pero lo que está claro es que hace unos años estas perras hubieran corrido un Nacional y la rumorología galguera las hubiera señalado y muchos galgueros se hubieran indignado, pero nadie, absolutamente nadie, se hubiera atrevido a retirarlas de la competición. En eso hemos avanzado, sin duda alguna, y aquellos individuos que se dedican a robar o a criar de perros robados no pueden tener sitio en nuestro mundo galguero. Es así de simple.

viernes, 13 de noviembre de 2015

¡Orgulloso de ser galguero!

Los días se acortan, extrañamente las temperaturas son aún demasiado calurosas, los gruidos de unas grullas en formación me recuerdan que el otoño ya está aquí, mientras que el olor a humedad invade mis pulmones mientras avanzo por los rastrojos de la meseta castellana en las primeras horas de la mañana. Las heladas no hicieron acto de aparición aún, pero se presienten ya cercanas. Un pequeño bando de lúganos, ya de regreso de Centroeuropa, abandonan sobresaltados el nogal de la huerta cuando la mano se acerca y los perros se alertan. La liebre saltó en el ribazo del estanque de riego y comienza de nuevo el juego de la vida y la muerte, tan antiguo como el mundo. Los nervios afloran en la cuadrilla. ¿Correrá bien la cachorra nueva, esa negra acorbatada que recuerda a su abuela? ¿O la barcina vieja volverá a ser la mejor de la partida como en las dos temporadas anteriores? El campo dictará sentencia.
La collera se aleja rauda en pos de la rabona, que busca desesperadamente el perdedero de un incipiente pinar situado junto al camino de concentración. La liebre es valiente y la collera codiciosa. El espectáculo está servido. Algún alcance, la cachorra cintea y le responde la vieja, mientras a lo lejos oyen los gritos de ánimo de sus dueños. De repente, la rabona desaparece, las perras se desconciertan. Se esfumó. De la nada aparece otra vez esa endiablada bola de pelo que no se deja atrapar. A contraquerencia se aplastó y ahora, con varios metros de ventaja, demasiados, se distancia de sus perseguidores que ya reaccionaron y arquean explosivamente sus estilizados cuerpos para alcanzar velocidad. La vieja tomó ventaja, mientras la cachorra alcanza su rebufo sin poderle adelantar. Un cinteo en la entrada del pinar fue la única oportunidad para poder matar la liebre que, entre los árboles, burla a las galgas. Ganó la vida, perdió la muerte. Ahora llegarán las discusiones sobre qué perra fue mejor, pero otros dos galgos ya están en traílla y todo vuelve a empezar.
Todavía somos muchos los que nos emocionamos con estampas otoñales del inicio de esta temporada, marcada por la escasez de las liebres, y defendemos el galgo como un mundo apasionante y de respeto con las leyes de la naturaleza. Por eso, digo alto y claro que estoy orgulloso de ser galguero y nada ni nadie me podrá quitar las sensaciones vividas como galguero, que también me formaron como persona. ¡Orgulloso de ser galguero!

martes, 10 de noviembre de 2015

Galgos y la independencia de Cataluña

Vivimos unos tiempos convulsos con el desafío independentista de Cataluña. El panorama político nacional está pendiente de todo lo que acontece en la Comunidad Autónoma catalana y expertos en los más variados sectores españoles hacen cálculos sobre lo que supondría una secesión. Política, económica, social... y hasta deportivamente la independencia tendría unas consecuencias para el resto del país y para la propia Cataluña, en unos casos de forma positiva y en otros de forma negativa. En el caso de los galgos, el panorama cambiaría y bastante.
En el plano deportivo, las competiciones no sufrirían ninguna variación, ya que desde que desapareciera el último canódromo de España, el Meridiana, el 22 de febrero de 2006, Cataluña no ha tenido ninguna actividad deportiva galguera. Teniendo esto en cuenta, la única relación catalana con el mundo de los galgos es la lucha animalista contra nuestro deporte. Desde aquella región mediterránea, donde las carreras de galgos en campo nunca se han celebrado se lanzan continuamente campañas en contra de nuestro colectivo desde la demagogia y el desconocimiento más absoluto. De hecho, dos de las principales asociaciones de rescate de galgos tienen su sede en Cataluña: SOS Galgos en la localidad de Esplugues de Llobregat (Barcelona) y Galgos 112 en Sant Feliu de Guixols (Gerona). Pero ahí no queda la cosa, ya que uno de los líderes de Junts Pel Sí, el madrileño Raül Romeva -sí, han leído bien, nació en Madrid en 1971) pidió explicaciones al Gobierno de España por el maltrato de galgos en la Eurocámara, siendo parlamentario en Bruselas por Catalunya Verds en 2011. La secesión catalana desmontaría todo el tinglado que tienen estos animalistas contra el resto de España.
Con la independencia, estos colectivos y políticos desaparecerían de España. Esto no quiere decir que no tengamos que continuar con la lucha contra los casos de maltrato de galgos que cada vez, afortunadamente, son más minoritarios y se circunscriben a entornos marginales, pero la lucha no se haría desde cientos de kilómetros de distancia y el desconocimiento de lo que supone el mundo de los galgos. ¿Empezarían entonces su lucha contra tradiciones netamente catalanas como los bous al carrer? Creo que no, porque son demagogos e hipócritas.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¡Basta ya de integrismo contra la caza!

Hace unos días, mi compañero y amigo, Antonio Pérez Henares, Premio Galgos España de la FEG, fue insultado y vejado a través de las redes sociales por, simplemente, mostrar imágenes de un agarre y remate de un gran jabalí en una montería a la que quiso asistir con los rehaleros. Fueron un puñado de personas, pero mostraron, una vez más, un integrismo desaforado contra todo lo que suponga la caza. Con este artículo quiero solidarizarme con mi compañero de profesión, cazador confeso, como yo, que tiene toda la libertad del mundo para mostrar su afición, uno de los deportes -sí, deporte- que se realiza en pleno contacto con la naturaleza. Desgraciadamente, los galgueros estamos demasiado acostumbrados a estas embestidas de los animalistas.
Este ataque es uno más, no ya contra la caza, sino fundamentalmente contra la libertad de expresión de aquellos que nos consideramos cazadores y que no realizamos ninguna actividad en contra de la legalidad vigente. Si estos integristas, cuyos comportamientos en muchos casos son fascistas, quieren prohibir la caza y todo lo que la rodea, que se presenten a las próximas Elecciones Generales del 20 de diciembre, las ganen y prohíban la caza. ¡Ah, que ya llevan décadas haciéndolo con el partido animalista PACMA! Los resultados los colocan en el lugar que ocupan en la sociedad. Apenas consiguen unos miles de votos que los sitúan en una ínfima minoría. Con estos datos, les toca callarse y aguantarse. No hay otra. Sin embargo, me indigno con que ocupen páginas y minutos en los medios de comunicación, espacios que a la caza se le niega de forma reiterada. ¿Somos menos nosotros, los cazadores? Rotundamente no, pero nos cuesta movilizarnos y el lobby animalista nos acorrala con muy poco.
Esta situación no puede continuar así. Debemos alzar la voz contra el integrismo animalista y desmontar sus postulados demagógicos, porque estos grupúsculos salen del asfalto vestidos con tejidos transpirables, botas de goretex impolutas, pero desconocen la vida en nuestros campos. Son esos que encuentran un lebrato de pocos días y se lo llevan a casa porque su madre lo abandonó en medio de un bancal, mientras lo condenan a una muerte casi segura. Estos neofascistas no se mancharon las botas con los barros de la otoñada, ni se mojaron con las frías lluvias del invierno y, mucho menos, han sentido en sus orejas o en su nariz cómo la helada cortaba la piel a primeras horas de una mañana de enero. Entre estos snobs se encuentran el independentista de Junts Pel Sí, Raúl Romeva, Virginia Iniesta, candidata de PACMA que también experimentaba en el laboratorio con perros vivos, o el expresidente de PACMA, Manel Maciá, que cobraba subvenciones por sacrificar terneros después de cebarlos intensivamente. Pregonan una cosa y hacen otra. La sociedad no se merece que estos hipócritas cobren un solo euro de las arcas públicas.
Me niego a que estos integristas me digan lo que puedo o no puedo hacer. Quédense en sus grandes ciudades, con sus mascotas humanizadas y desorientadas por haberles cortado su conexión con la naturaleza. No nos hacen falta.
¡Ánimo Chani!

lunes, 20 de abril de 2015

Distintas varas de medir

"Vamos condenando a una pobre mujer que con infinita bondad, buen corazón y generosidad atiende a mascotas abandonadas por gente cruel e insensible". "Es esta bendita mujer una heroína en generosidad y coraje civil". "Esta señora ha hecho una labor muy grande dando un hogar a estos perros abandonados". "La denuncia la hizo un ciclista que pasaba (seguramente un "guiri", que son muy aficionados aquí a meterse en lo que no les concierne). Se enterará además de que gatos sólo había tres, y de que el veterinario que atiende a la colonia ha certfificado el buen estado de salud de todos los animals, por lo tanto, cero peligro". Se preguntará, querido lector, quien es el autor de estas citas y a qué se refieren. Pues bien, les tengo que explicar que corresponden a lectores de la edición digital de El Mundo comentando una noticia surgida en Ibiza, donde la Policía Local de Sant Antoni descubrió una casa con 70 perros y 30 gatos en malas condiciones -a la intemperie, la mayoría sin identificar ni vacunar, alguno con sobrepeso y rodeados de excrementos-.
     La 'heroína', una mujer de avanzada edad, se dedicaba a recoger sin control alguno perros abandonados de la calle ya  acogerlos en su casa, situada en una zona residencial de chalets. Ahora se enfrenta a varias denuncias administrativas. Pronto los animalistas salieron en defensa de la señora en cuestión y esta actitud me descoloca. Lo hace porque cuando atacan a algún galguero que tiene a sus perros en perfectas condiciones, no rodeados de excrementos y a la intemperie, precisamente, le acusan de todo lo que hacía esta señora -tener los galgos sin microchip, hacinados en zulos, sin comer durante días...-. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones se ven a los perros musculados y contentos, pero los animalistas no esperan entonces a un informe veterinario. Simplemente se erigen en poseedores de la verdad absoluta y pontifican a los cuatro vientos sobre lo malos que somos, sin conocer absolutamente nada de nuestro deporte. ¡Qué distintas varas de medir utilizan!
     Los animalistas siguen a pies juntillas aquella cita del gran Groucho Marx, genio del esperpento, que decía: "Estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros". A los galgueros se les aplica hasta la última coma de la legislación vigente, mientras que en casos como el de Ibiza, ya no es tan importante. No, señores, no. Ahora que está tan de moda abogar por la igualdad absoluta de cada ciudadano, hay que defender que todos somos iguales ante la ley y como nos encontramos en un Estado de Derecho, esta señora y algunas protectoras que mantienen a los perros y gatos en condiciones insalubres deben asumir las responsabilidades que correspondan.
     Hay que alzar la voz ante estas distintas varas de medir, porque los animalistas están criminalizando a un sector de miles de personas, en el que, como en todas las colectividades hay personas sin escrúpulos, pero que en la mayor parte de las ocasiones se trata de galgueros que tienen una forma de vida distinta a los animalistas y que éstos no pueden o no quieren entender.
     Por fortuna, atrás quedaron los tiempos de necesidad en el que los galgos eran una fuente para conseguir alimento, eran un animal que se medía por su eficacia en la caza y así se les trataba. Ahora, le pese a quien le pese, es un deporte, reconocido por el Consejo Superior de Deportes, con sus correspondientes reglamentos y normativas.
     Por todo ello, nadie tiene derecho a criminalizarnos y mucho menos personas que, en muchos casos, priman los intereses de los animales por encima del de las personas. Hay que rebelarse contra un acoso inmerecido e injusto. Somos deportistas, amantes de los animales y, sobre todo, personas... como ellos.